jueves, 3 de diciembre de 2015

2º Bachillerato C: Información sobre Luces de Bohemia


  1. CONTEXTO HISTÓRICO ENTRE FIN DE SIGLO Y LA GUERRA CIVIL (1875-1936)
Desde 1875, tras un Golpe de Estado que termina con la I República, España se rigió por el sistema conocido como Restauración borbónica (1875-1923) con la soberanía compartida entre la Corona (Alfonso XII, 1875-1885 y luego Alfonso XIII) y las Cortes, siendo el rey el jefe del Ejército. El régimen se caracterizó por la alternancia en el poder pactada por los partidos conservador y liberal. Esto trajo consigo la corrupción del sistema parlamentario y el caciquismo. Aunque en 1890 se estableció el sufragio universal, se recurría sistemáticamente al fraude electoral: el cacique, perteneciente a la élite local en un país latifundista, intervenía mediante la compra de votos, falsificación de actas, rotura de urnas etc. para que ganasen las elecciones el partido al que le
tocaba gobernar según el pacto establecido. Esta situación explica el antiparlamentarismo de muchos intelectuales y creadores de fin de siglo.
En 1898, con la pérdida de las últimas colonias españolas (Cuba, Filipinas y Puerto Rico), estalló una crisis con la que comenzó el declive del sistema. A partir de entonces, en especial durante el reinado de Alfonso XIII (reinó de 1902 a 1931), se manifestaron una serie de problemas que fueron mermando el régimen:
a) Crisis política. Las luchas internas en ambos partidos mayoritarios, muertos sus líderes carismáticos, se volvieron muy frecuentes. Además, Alfonso XIII intervino excesivamente en cuestiones políticas, rompiendo la alternancia y convirtiendo el sistema en inestable. Fueron continuas las crisis ministeriales. A ello se sumó la dificultad para manipular el voto urbano (donde el caciquismo era escaso, mientras seguía en el ámbito rural) y el incremento del fraccionamiento parlamentario, que supuso la necesidad de coaliciones para poder gobernar. Entre los opositores al sistema destacaron los republicanos (intelectuales, profesionales, funcionarios, pequeños minoristas...) que atribuían todos los males a la Monarquía.
b) El gran desarrollo económico de las periferias (País Vasco y Cataluña) contribuyó al desarrollo de los nacionalismos periféricos. En estas zonas se incrementó el sentimiento de ser explotados.
c) Crisis social. El desarrollo económico, industrial y urbano potenció las luchas sociales como consecuencia de la mayor conciencia del proletariado y campesinos y el aumento de su capacidad de movilización. La disparidad entre los salarios y los beneficios de los empresarios y el aumento de la inflación llevó a los trabajadores a luchar por sus reivindicaciones, en algunos casos con el recurso de la violencia. Tras la I Guerra Mundial, la situación española se agravó. Esto explica las profundas convulsiones que recorrieron España en los años 1919-1920. Paralelamente, se organizaron los empresarios: asociaciones pseudocívicas que colaboraban con la policía en la represión mediante la violencia armada; finalmente la ley de fugas, aprobada en 1921, permitió a las fuerzas del orden fusilar a cualquier preso con la excusa del intento de fuga.
d) Reapareció el conflicto religioso al agudizarse las denuncias de sectores progresistas sobre el dominio que la Iglesia ejercía sobre la enseñanza y por el aumento significativo del número de religiosos. El anticlericalismo se fue extendiendo en buena parte de la opinión pública urbana, en especial entre las clases populares.
e) El problema colonial. La derrota de 1898 había demostrado la degradación de las Fuerzas Armadas, en las que sobraban oficiales y jefes y faltaban recursos materiales. Al estamento militar se enfrentaban sectores antimilitaristas y una prensa liberal hostil que acusaba a los militares de la derrota.
     Tras el desastre del 98, la posibilidad de reconstruir un imperio en Marruecos suscitó las esperanzas de los colonialistas españoles. España se embarcó en una aventura que, además de las enormes pérdidas de vidas y recursos materiales, contribuyó a envenenar el clima político y a agudizar la separación entre el Ejército y la sociedad civil.
    La situación anterior condujo a la dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930), que intentó, desde la concentración del poder, resolver la crisis de la nación. Con ciertos logros en algunos campos, al final la dictadura también fracasó.
La miseria muy generalizada, la organización y politización de la clase obrera y, sobre todo, la unión de las izquierdas, trajo consigo la proclamación de la Segunda República (1931-1939). Alfonso XII abandonó el país. La República de 1931 fue la respuesta al agotamiento de una situación social y política, que se había precipitado desde 1917. El periodo republicano comenzó con un deseo de profundas reformas y buenas intenciones, pero se manifestó impotente ante los problemas endémicos del país: los enfrentamientos ideológicos y sociales y la crisis económica. Los acontecimientos se precipitaron: huelgas y disturbios, triunfo de la derecha en 1933, huelga y revolución en Asturias en 1934, unión de izquierdas en el Frente popular que ganó las elecciones en 1936.
Ese mismo año, en julio, el general Franco se sublevó contra el gobierno de la República. Estalla la Guerra Civil (1936-1939), confrontación fratricida con la que culmina el enfrentamiento de las dos Españas.



  1. CONTEXTO HISTÓRICO Y LITERARIO DE LUCES DE BOHEMIA

       Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936) inicia su carrera literaria tras el denominado desastre del 98, fecha de la pérdida de las últimas colonias españolas (Cuba, Filipinas y Puerto Rico). España era en aquel tiempo un país rural, con una industrialización creciente en focos alejados del poder político (Cataluña y Euskadi), unos salarios terriblemente bajos, unos altos niveles de analfabetismo y una gran conflictividad social a los que el régimen político de la Restauración ya no sabía dar respuesta.
Luces de bohemia, primer esperpento valleinclanesco, retrata el estado de degradación de este sistema político nacido en 1875 con la Restauración, un sistema que duró más de cincuenta años y que se caracterizaba por la alternancia pacífica en el poder de los dos partidos mayoritarios, el liberal y el conservador. Se trataba de un régimen que acabó produciendo un sistema corrupto y caciquil donde el incipiente movimiento obrero no va a tener fácil la entrada y donde el fraude electoral era lo más recurrente. Ante un estado incapaz de actuar, la Monarquía promueve el golpe de estado de Primo de Rivera en 1923. Sin embargo, el cambio no sirve para regenerar el panorama político y social, y el fin de la dictadura arrastra a la monarquía, proclamándose en 1931 la II República.
Luces de bohemia apareció publicada por entregas en la revista España en 1920, aunque la obra no se completará hasta el año 1924. Será entonces cuando Valle la edite en un volumen especial en el que se realizaron numerosos cambios, supresiones y adiciones que dotaron a esta pieza teatral de mayor intensidad, sobre todo en los aspectos de denuncia social y política.

       En esta obra, Valle-Inclán nos aproxima a la vida bohemia, tema de muchas producciones literarias y de otras artes. La bohemia había sido para muchos artistas de fin de siglo más que un simple modo de vivir: fue una forma de entender el arte y la vida; fue una época heroica, donde con orgullo aristocrático se confinaba el Arte al mundo de la Belleza. Ese es el mundo de Max, pero este mundo en 1920 ya no tiene sentido. Luces de bohemia es, pues, una particular elegía de este universo ya consumado.
Desde el punto de vista literario, Valle-Inclán es una mezcla de modernismo, de vanguardismo y de preocupación noventayochista. En este sentido, Luces de bohemia es una obra excepcional de un ser excepcional que escapa a toda clasificación.

  • Modernismo:
Luces de bohemia constituye el adiós definitivo del autor a la estética modernista y a la bohemia
heroica. En la obra aparece, aparte de la degradación del protagonista, Max Estrella, hay despedida dos acontecimientos más: la presencia de la figura de Rubén Darío, con el que Max evoca el París de Verlaine, y sobre todo, el hecho de ver al marqués de Bradomín (protagonista de las Sonatas) degradado, casi mendicante, aceptando su derrota del brazo de Darío en el entierro de Max. Si la vida bohemia ya no es posible, tampoco lo es la estética modernista que la sustenta. Ese descubrimiento lleva a Max a la proclamación de una nueva técnica (el esperpento) .
En cambio, la función poética de las acotaciones —en las que encontramos sinestesias, personificaciones o ingeniosas metáforas—, la presencia de cultismos o neologismos ("¡Eironeia!") o el cosmopolitismo que traslucen las páginas de Luces de bohemia nos permitirían relacionar esta antitragedia con la estética modernista. Este tipo de lenguaje aparece junta a palabras arcaicas (abajo explicado), contribuyendo, aún más, al esperpento.
  • Noventayochista:
Luces de bohemia manifiesta una honda disconformidad con la España de la época y contiene un duro ataque a la realidad española, lo que la aproxima a las preocupaciones de los noventayochistas.
Serían igualmente propios de los autores de la Generación del 98 el uso predominante de la prosa, la primacía del diálogo sobre la acción y la recuperación de localismos, arcaísmos o gitanismos ("gachó", "chanelo", "beatas", "apoquinar"...)


  1. CARACTERÍSTICAS DEL ESPERPENTO Y SU REFLEJO EN LUCES DE BOHEMIA
    Luces de bohemia es la primera obra que el propio autor califica como esperpento, un género creado por Valle-Inclán que consiste en distorsionar nuestro entorno para poder expresar lo trágico, lo grotesco y lo absurdo de la vida española.
    Para conseguir el objetivo de deformar el mundo circundante, Valle-Inclán emplea múltiples procedimientos, entre los que destacamos la ridiculización de la realidad. Si la naturaleza del esperpento es crear una antitragedia, Luces de bohemia es un ejemplo paradigmático. Los personajes se enfrentan a un destino trágico, pero el distanciamiento del autor nos lo muestra como algo grotesco. En este esperpento asistimos a un enorme drama a nivel colectivo (la situación social española) y a nivel individual (la muerte de Max y el suicidio de su mujer y su hija), pero estos hechos aparecen como ridículos debido a los personajes que les dan vida. Es más: la muerte de Max es grotesca. No hay nada solemne en su fallecimiento, y mucho menos en su velatorio. Max agoniza en la calle, sus últimos momentos son una parodia y su velatorio, una burla risible y cruel. Además, no es su muerte la que cierra la obra, como en la tragedia clásica, sino que, para mayor escarnio, esta concluye con las palabras de un borracho.
      La estética del esperpento también se alcanza por medio de la degradación de los personajes, que son presentados como seres caricaturescos. Esta degradación se manifiesta, fundamentalmente, a través de tres recursos estilísticos: la animalización ("La Pisa Bien se apresura a echarle la zarpa"), la cosificación ("se mueve el bulto de un hombre") y la muñequización (sirva como ejemplo la escena segunda, en la que don Latino y Zaratustra engañan a Max con la venta de los libros, transformando de este modo al propio protagonista en un fantoche).
Por otra parte, la literaturización —consistente en la inclusión de gran cantidad de citas y referencias literarias— se utiliza como un recurso más de deformación. Así, el género épico se nos presenta desfigurado: Max es ciego como Homero y su peregrinación por el Madrid bohemio y nocturno nos evoca la odisea que realiza Ulises desde Troya a Ítaca. Además, en la obra de Valle-Inclán encontramos:
  • Referencias a la Divina comedia: Max, que es guiado por don Latino como Dante por Virgilio, siente que ese mundo en el que vive es un círculo más del Infierno de Dante.
  • Citas directas de Shakespeare, Rubén Darío o Calderón de la Barca.
  • Reminiscencias al Lazarillo de Tormes y al Quijote en las figuras de los dos protagonistas de Luces de bohemia.

     Otro de los recursos más significativos del esperpento es la variedad de registros empleados en los diálogos; una variedad que no solo sirve para caracterizar a los personajes, sino también para parodiarlos o criticarlos. Subrayamos, por un lado, el uso de un lenguaje pedante y cursi propio de los modernistas, y por otro, la jerga vulgar de las bajas clases sociales, quienes emplean términos como "cuála" o "previlegiado". Incluso se aprecia en Luces de bohemia la combinación de cultismos y gitanismos en una misma intervención, lo que evidencia ese empleo de contrastes tan peculiar de la estética valleinclanesca.

      Este contraste o paradoja ya se percibe desde el mismo título, cuidadosamente escogido por el autor. Por un lado, Valle juega con la luz, con el brillo de una época modernista en decadencia; pero por otro lado, la peregrinación bohemia de los protagonistas transcurre por un Madrid nocturno alumbrado artificialmente con velas, candiles y lámparas. Se trata, en efecto, de un intencionado claroscuro con el que aspira a degradar la realidad.
El esperpento, asimismo, se caracteriza por fusionar novela y teatro. Esta indefinición de géneros se hace patente en la función de las acotaciones, que son muy extensas, tienen un excepcional valor literario y están escritas imitando las intervenciones de un narrador omnisciente. Con ellas se describen, con rapidez e intensidad (mediante un estilo verdaderamente poético), personajes y ambientes diversos.
Finalmente, en Luces de bohemia se acumulan de manera intencionada hechos y referencias históricas en un confuso anacronismo, lo cual nos impide situar la acción de esta pieza teatral en un tiempo histórico concreto. De esta forma, la alusión a las últimas colonias españolas (1898), la mención a la Semana Trágica de Barcelona (1909), los comentarios sobre la Revolución rusa (1917), la coexistencia de modernistas y ultraístas o el hecho de que Rubén Darío —que muere en 1916— sobreviva a Benito Pérez Galdós —que fallece en 1920— serían sucesos temporalmente anacrónicos que servirían a Valle-Inclán para producir el efecto deformador que pretende. Esta confusión cronológica no es casual, sino que constituye un caso más de distanciamiento y permite explicar todo un periodo, desvelar la esencia de una sociedad.

      En conclusión, mediante la técnica del esperpento, Ramón María del Valle-Inclán muestra con óptica deformante la realidad para censurar y parodiar la decadente situación nacional. Nos hallamos, pues, ante la vertiente más crítica de la Generación del 98.


4. LUCES DE BOHEMIA Y LA REALIDAD SOCIAL
     Es difícil situar el año en que transcurre la trama de Luces de bohemia por su confuso anacronismo, pero retrata el estado de degradación del sistema político de la Restauración.
      La acumulación desproporcionada de la propiedad de la tierra en manos de unos pocos propietarios latifundistas así como los bajos salarios van a provocar episodios de violencia reprimidos duramente por la autoridad, tal como sucedió durante la Semana Trágica de Barcelona en 1909. Los trabajadores inician su proceso de organización alrededor de dos polos ideológicos: el anarquismo de la CNT y el socialismo, simbolizado por las Casas del Pueblo del PSOE. En este contexto, los obreros recurrirán en ocasiones a la violencia para luchar por sus derechos, una violencia que aparece reflejada en Luces de bohemia en el preso catalán o en los disturbios callejeros con los que se encuentran Max Estrella y don Latino.
    Cataluña y Madrid vivirán en 1919 varias huelgas reprimidas con dureza por las tropas, unas movilizaciones que también se trasladan al campo. Y es que la Revolución Rusa de 1917 había dado a los trabajadores de todo el mundo el impulso moral para luchar por sus derechos. La patronal reaccionó ante el levantamiento obrero de forma contundente (cierre de fábricas, no contratar a obreros sindicados...). Incluso, acusando de blando al gobierno, no solo inició la guerra sucia con el pistolerismo blanco (asesinos a sueldo contratados para eliminar a dirigentes sindicales), sino que también creó sindicatos libres y asociaciones cívicas (como Acción Ciudadana, citada en Luces de bohemia) que empleaban la violencia armada contra los obreros y ayudaban a la policía en la represión de las manifestaciones.
     En 1921 se aprueba la Ley de fugas, que permitía a las fuerzas del orden fusilar directamente, sin juicio previo, a cualquier preso acusado de haber intentado huir. Así muere el obrero anarquista, compañero de Max en prisión en la escena sexta, que fue añadida por el dramaturgo en 1924.

     Todo este ambiente de corrupción e ineficacia política se refleja en el esperpento de Valle en las alusiones a Maura, político conservador cuya impopularidad durante estos años era enorme, y a Alfonso XIII, rey de España hasta la proclamación en el 31 de la Segunda República del que el autor no tenía muy buena opinión. Pero la conflictividad social no es la única referencia a la realidad en Luces de bohemia.
     También podemos hallar menciones religiosas. Es cierto que apenas hay críticas directas a la jerarquía y su papel de cómplice de la clase política, pero Max clama por una “religión nueva” que debe regenerar España. Tal vez por eso bautiza al preso catalán —que se llama Mateo (por Mateo Morral, el anarquista que atentó contra Alfonso XIII)— como Saulo (el apóstol San Pablo, piedra fundamental en la expansión de la Iglesia primitiva).

      En síntesis, Luces de bohemia manifiesta una honda disconformidad con la España de la época y contiene un duro ataque a la realidad española. Nadie se libra de la crítica: gobierno, empresarios, fuerzas del orden e incluso obreros (exceptuando, quizá, el preso catalán y la
madre del niño muerto) son retratados como una masa brutal, inculta e incapaz, en consecuencia, de producir la anhelada regeneración de la sociedad española. No en vano, todo ello parece remitirnos a las palabras de Max Estrella: "España es una deformación grotesca de la civilización Europea".


5. LOS PERSONAJES DE MAX ESTRELLA Y DON LATINO EN LUCES DE BOHEMIA

           De todos los personajes de esta obra sobresalen los dos principales: Max Estrella y don Latino de Híspalis.
Valle-Inclán elabora los rasgos básicos y biográficos del protagonista de Luces de bohemia a partir de la figura de Alejandro Sawa, periodista andaluz amigo personal del autor que murió en 1909 y que ha sido considerado como la personificación de la bohemia. Sus similitudes con Max Estrella son numerosas: ambos eran escritores, estaban casados con mujeres francesas y murieron ciegos, locos y en la más absoluta miseria tras recibir una carta donde se prescindía de sus servicios en el mundo del periodismo.
Nuestro protagonista, descrito en ocasiones como un héroe clásico, es un poeta frustrado cuya obra no ha obtenido éxito, por lo que no gana lo necesario para poder subsistir. Vive en una sociedad insensible a la obra literaria y se siente superior, tanto intelectual como moralmente, al mundo burgués. Max Estrella se puede entender como un alter ego de Vallé- Inclán, dado que sus discursos reflejan muchas de las opiniones, valoraciones y críticas que el autor sostenía sobre la sociedad española.

        Max es un personaje extremadamente complejo y lleno de contradicciones. Su ceguera, que nos recuerda a la de Homero, no le impide ver el sufrimiento del pueblo y las injusticias proferidas por los gobernantes, por lo que se siente impotente ante la miseria intelectual y moral de España. Sin embargo, su carácter no está exento de incongruencias.
Es crítico y denuncia la tiranía, pero también sucumbe al poder aceptando una paga del ministro que gastará en champán, mientras su familia sufre penalidades. Es decir, censura la corrupción política, pero acepta una pensión vitalicia.
      Max Estrella podría haber llegado a ser un personaje trágico, pero la sociedad que lo rodea es tan cruel y grotesca que convierte su vida heroica en una existencia patética y absurda. Su degradación se refleja en la muñequización a la que lo somete el propio autor. En este sentido, Max, como si fuese un fantoche o un pelele, es estafado por Zaratustra, engañado por don Latino y encarcelado como un vil delincuente. Incluso su muerte es ridícula, pues será confundida primero con una borrachera y finalmente con una catalepsia.

         En cuando a don Latino, se ha discutido mucho sobre qué personaje real puede esconderse tras el asiduo acompañante de Mala Estrella. Podría ser cualquiera de los modernistas con los que convivía Alejandro Sawa. De hecho, Sawa solía ir acompañado de un can y, curiosamente, Valle echa mano de los recursos del esperpento para caracterizar a don Latino como un perro.
Este personaje fundamental debe entenderse como un desdoblamiento del protagonista. Si Max simboliza la bohemia heroica, modernista y rebelde, don Latino es reflejo de la degradación de esta bohemia que ha perdido la pureza de sus ideales y se ha corrompido.
Se le puede definir como una persona inmoral, un parásito, un ser ruin y mezquino. No olvidemos que don Latino estafa a Max, en connivencia con Zaratustra, el dinero de los libros, lo abandona moribundo en el portal de su casa y le roba la cartera y el décimo de lotería premiado, causando sin el menor escrúpulo el suicidio de la mujer y la hija del poeta ciego.
Según la crítica, don Latino reúne varias personalidades simbólico-míticas: la de Virgilio guiando a Dante-Max por los infiernos madrileños, la de un Sancho Panza que acompaña a su dueño o la de un Lazarillo engañando a su ciego amo. Incluso es equiparable, en algunos momentos, a la figura del criado "gracioso" típica de la comedia española de los Siglos de Oro.


         En Luces de bohemia encontramos gran cantidad de personajes de procedencia diversa (inspirados en la vida real, como Max Estrella; de origen literario, como el Marqués de Bradomín; de existencia real, como Rubén Darío; o de ficción, como Pica Lagartos o Enriqueta la Pisa Bien). La estética del esperpento provoca que dichos personajes sean deformados de diversos modos, hasta convertirlos en muchos casos en auténticos fantoches y peleles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario